domingo, 28 de abril de 2013

Cuadro de escalera, a dos voces... una casi muda


Era ella, su sofisticación, su frialdad y su intento frustrado de ser especial, era ella, sin más y por desventura; nada le salía como debiera. 
Una noche la encontré tirada sobre las escaleras, con postura de haber caído de bruces, con una carrera en las medias, los ojos vidriosos y el rímel sin retocar.

“Serpenteo, correr de carretera. Todo lo que yo no había pensado ser, siendo y dejando de ser… todo al mismo tiempo. Es duro… La senda que nunca has de pisar… no por nada, sino porque ni cuestionado estaba cuando me cerraron la veda. ¡Qué envidia malsana de aquellas que la andan!”

Esto fue lo que me dijo cuando la intenté levantar. Así que allí la dejé, a medio desmembrar por miedo a tener que descifrar aquello, por temor a sentirme como ella.
Me la imaginé, horas antes de mi llegada, entrando en casa, con los restos de su castillo de sueños aun en brazos… dejándolos caer con ella por las escaleras. Me la imagino queriendo poner a juego su corazón hecho trizas, con su cabeza. Espectáculo dantesco del que solo pude admirar el bodegón final…

Poco después la escuché suspirar… y pensé; Facilidad innata la femenina, la de crear y hacer crecer ilusiones sin base alguna en el sentido común de las cosas.

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